Quiero comenzar formulando las siguientes preguntas: ¿qué es la vida? y ¿cuál es la verdadera manera de vivir la vida? Estoy seguro que existe una innumerable cantidad de respuestas, tantas como personas hay en el mundo. De estas dos preguntas se derivan otras como: ¿vive usted plenamente?, ¿vive usted en continuo gozo?, ¿es feliz con lo que tiene?, ¿es feliz con lo que usted es?, ¿hasta qué punto ha logrado sus objetivos? Pasamos la vida trabajando para lograr nuestras metas personales sin preguntarnos si el rumbo que hemos decidido tomar es verdaderamente el correcto y, regularmente, dichas metas son de tipo material: casas, autos, dinero, comida, bebida, vestido. ¿Qué pensaría usted si yo le dijera que todo esto podríamos obtenerlo sin esfuerzo como consecuencia de un cambio de objetivo? Seguramente pensaría que esto es una locura, que no se pueden tener valores materiales sino solamente con un gran esfuerzo, sin embargo le invito a considerar el siguiente pasaje de la Biblia:

No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. (Mateo 6:31-33)

En la actualidad existen mucho más opciones de bienes materiales de los que había en el tiempo de Jesús, así que me doy la libertad de extender la primera parte de este fragmento de las Escrituras diciendo: ¿qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos, a dónde viajaremos, qué auto compraremos, con qué teléfono móvil nos comunicaremos, qué computadora usaremos, qué velocidad de Internet contrataremos, qué videojuego compraremos?

La parte interesante de este texto se encuentra al final, en donde se afirma que buscando “el reino de Dios y su justicia” tiene como consecuencia la obtención de lo material y, aunque el texto original menciona las necesidades básicas solamente, yo le puedo asegurar que es posible conseguir mucho, pero mucho más. Para tener acceso directo a lo material es necesario iniciar la búsqueda del reino de Dios como algo primario, como una acción de alta prioridad, es por eso que se usa la palabra “primeramente”, expresando que cualquier otra cosa debe de ser puesta del segundo lugar hacia atrás. Desafortunadamente, nuestra escala de valores se encuentra invertida y los primeros lugares son ocupados por los valores materiales y, en la última posición, se ubican los valores espirituales, esto siempre y cuando los tomemos en cuenta ya que es común hacer caso omiso de ellos. La búsqueda del reino de Dios debe de ser con diligencia, con inteligencia, con tenacidad y perseverancia, ya que de esta manera usted alcanzará el objetivo. Pudiera parecer que buscar el reino de Dios es algo subjetivo, una finalidad sin pies ni cabeza y, por lo tanto, un proceso difícil o imposible de iniciar. ¿Dónde se encuentra ese reino? ¿Qué camino es necesario seguir? Definitivamente no se trata de un lugar físico sino de un sitio dentro de usted. Un reino es un gobierno, y todo gobierno posee un conjunto de leyes que lo rigen. Sabemos, por ejemplo, que existen leyes para transitar en un vehículo, leyes judiciales que castigan a un asesino, leyes laborales que protegen a los trabajadores asalariados, leyes que rigen el servicio de salud de un país. Pero estas son leyes desarrolladas por nosotros mismos los hombres.

El reino de Dios también tiene sus principios que dictan el comportamiento ideal del hombre con el fin de obtener los beneficios de su gobierno. Y, ¿cuáles son esos principios? Los elementos o valores de este reino aparentemente invisible son conceptos como el amor, el perdón, la humildad, la bondad, la paciencia, la sabiduría, la inteligencia, la fe; debemos alcanzar el dominio de nosotros mismos en todos los aspectos, el dominio de nuestros pensamientos, de nuestras palabras, de nuestros deseos, de nuestras intenciones; todos nuestros actos deben de estar encaminados a bendecir, edificar y construir a otros y a nosotros mismos. Así, estaremos transitando por el reino de Dios sin temor de ser infraccionados por conducirnos inadecuadamente, exponiendo al peligro a los demás y a nuestro mismo ser. El reino de Dios implica una modificación en nuestra escala de prioridades, un cambio de personalidad, una transformación de nuestra identidad. Entonces, solo entonces, después de haber buscado, encontrado y practicado estas reglas satisfactoriamente, el mundo material estará a nuestros pies porque Dios se encargará de proveer para nuestras necesidades y mucho más, de la misma manera en que un padre premia a su hijo al sentirse orgulloso de él. Pero esto no es todo, sino que habremos recibido un enorme galardón invaluable e indescriptible, nos habremos deshecho de una personalidad vieja, triste y obsoleta, y habremos adquirido una naturaleza nueva, deleitosa y gloriosa.