Corre el año 2012, y en mi país México vivimos una ola de violencia que difícilmente se puede describir con palabras. Las noticias negativas abundan en los medios de comunicación y también de boca en boca entre amigos y conocidos. Casi a diario, por no decir a diario, existen casos de asesinatos, extorsiones, secuestros, robos y asaltos, decapitados y calcinados, entre otros desagradables sucesos. Meditando yo en todo esto, me pregunté en repetidas ocasiones: ¿Estará Dios disponible? ¿Se habrá Dios retirado de este mundo? ¿Nos habrá abandonado Dios a nuestra suerte? Durante un tiempo pensé en estas preguntas esforzándome por encontrar una respuesta y casi llego a la conclusión de que, en efecto, Dios se había desilusionado y, por lo tanto, apartado de nosotros abandonándonos para que nos consumiésemos nosotros mismos. Sin embargo, repentinamente encontré una buena noticia al respecto y es el siguiente fragmento en la Biblia:

Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia (Romanos 5:20) 

Lo que me interesa destacar aquí es el último segmento del texto que dice: “mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia”. El pecado es todo aquello que se aparta de lo recto y de lo justo y, en este caso, se refiera a los lineamientos compuestos por la ley de Dios. Dios desea que amemos y perdonemos sin límite, que seamos bondadosos, que tengamos fe, que seamos humildes de espíritu, que practiquemos la prudencia, que nos convirtamos en individuos sabios e inteligentes. Sin embargo, y como se mencionó al inicio, la situación que experimentamos es todo lo contrario, nos encontramos bajo la ilusión de que vivimos una era sin Dios, desprotegidos, donde el azar y la casualidad son las únicas leyes vigentes. No cabe duda que el pecado abunda, la maldad abunda, la envidia abunda, el egoísmo abunda; no cabe duda que es difícil encontrarnos con individuos que sean rectos y justos. No obstante, el apóstol Pablo nos muestra que en estos tiempos tan difíciles, donde la maldad excede las dimensiones que un hombre puede concebir, la gracia de Dios sobreabunda; es decir, la gracia de Dios se encuentra en cantidades sobre excedentes y a nuestra entera disposición.

Pero, ¿Qué es la gracia, y en especial, la gracia de Dios? En pocas palabras, es Dios mismo quien permanentemente nos ofrece a manos llenas la oportunidad de encontrarle y vincularnos con El. Esta oportunidad es para todos, tanto para aquellos que practican la maldad como para los que se esfuerzan por andar un camino recto. Y, ¿dónde se encuentra esa gracia?, ¿cómo la encuentro? Es indispensable tomar la decisión de practicar la justicia de Dios, la cual simplemente implica comportarse correctamente. Veámoslo de la siguiente manera: cuando una prenda de vestir me queda justo, significa que ni es grande ni es pequeño para mí, sino que es el tamaño perfecto, ni sobra ni falta tela.

Así es la justicia de Dios, la cual define un camino perfecto que todo individuo debe seguir sin apartarse ni a un lado ni a otro, sin añadirle ni quitarle, a este camino no le falta ni le sobra nada, solo es necesario caminarlo. Eventualmente al transitar por esta ruta llegaremos a nuestro destino, hallaremos la gracia de Dios la cual es una manera en que El se manifiesta y en ese momento tendremos la protección que es esencial en ésta época de violencia extrema. No debemos dejarnos engañar por lo que percibimos con nuestros sentidos, ciertamente el peligro abunda pero Dios sobreabunda, ciertamente la maldad abunda pero Dios sobreabunda, ciertamente la perversidad abunda pero Dios sobreabunda, ciertamente la crueldad abunda pero Dios sobreabunda, y esto es un indicador de que tenemos la puerta abierta para la protección, la seguridad, la confianza, el bienestar, la paz. Esto no significa que seré librado de riesgos innecesarios, pero lo que sí representa es que estaré a salvo conduciéndome prudentemente. Aún en esta era violenta las cosas buenas están frente a nosotros, lo grato está disponible, lo agradable está a nuestro alcance y, aunque parezca imposible, es factible vivir placenteramente bajo la gracia de Dios. Búsquela como una joya de incalculable valor, como oro puro, como piedra preciosa, con la fuerza que se aferra a la vida aquel que se ahoga bajo el agua.