La Biblia narra la creación de todas las cosas y específicamente la de nuestro planeta Tierra. Me llama la atención que Dios planta un huerto en Edén para poner allí al hombre rodeado, entre otras cosas, de 3 tipos de arboles: aquel que le serviría de alimento físico y dos más denominados “de la vida” y “del conocimiento del bien y del mal”. El hombre tenía la indicación de comer de cualquier árbol, lo que incluía el árbol de la vida, excepto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Deseo hablar de estos 3 tipos de árbol y desarrollar un concepto concreto y objetivo al respecto.

El primer tipo de árbol es para alimentarse y subsistir físicamente, lo cual quiere decir que sus frutos son ingeridos por la boca para posteriormente pasar por un proceso digestivo. Todos nosotros conocemos este concepto de alimentación ya que, si nos va bien, tenemos la oportunidad de comer unas 3 veces al día. Definitivamente es necesario tomar alimentos del árbol físico, que representa la comida común y corriente, porque por medio de esta adquirimos los nutrientes que nuestro cuerpo requiere y la energía para desempeñar las tareas y obligaciones diarias. Sin embargo, es aconsejable elegir aquellos que nos nutran adecuadamente con el objetivo de mantenernos en un estado físico saludable y placentero.

El segundo árbol es el de la vida el cual no es un árbol físico con un tronco, raíces, ramas, hojas y frutos colgando de él. Se trata de un alimento simbólico que proviene de Dios, que no se ingiere precisamente por la boca, sino que se trata de un alimento para el espíritu del hombre. Este árbol, que representa una fuente de sustento, tiene como fruto disponible los valores a través de los cuales se alcanza la excelencia de la calidad de vida de cada individuo. Dicho fruto se compone de amor, gozo, paz, paciencia, bondad, benignidad, humildad, fe, mansedumbre, y todo aquello que implique el crecimiento espiritual. Al alimentarnos del fruto de este árbol tendremos como consecuencia la vida plena que implica estabilidad psicológica y emocional, progreso y éxito seguro, fuerza y fortaleza para enfrentar toda circunstancia, inteligencia y sabiduría que nos llenaran de días y de honra. La verdadera  realidad de la existencia y del paso por este mundo se define por estos valores, y por medio de su práctica obtendremos una idiosincrasia óptima, elevada, próspera, ascendente, iluminada, gloriosa, sublime.

El tercer árbol es el del conocimiento del bien y del mal, el cual, al igual que el árbol de la vida, tampoco alude a un árbol físico. Su fruto es un alimento simbólico que proviene del hombre y que tampoco se ingiere por la boca, y representa las cosas y conceptos buenos y malos desarrollados por los seres humanos. Entre estos conceptos podemos mencionar la música, los autos, las computadoras, el dinero, las drogas, las armas, las religiones y creencias, la moda, el vestido y el calzado, las profesiones, el Internet y el correo electrónico, la telefonía, el vino, entre muchas otras. Note usted que esta pequeña lista enumera cosas de carácter positivo y también de carácter negativo. ¿Por qué le fue  prohibido al hombre comer del fruto de éste árbol? La intención de Dios al formarnos era que nuestra relación con El fuera total, completa y absoluta, lo cual se logra alimentándonos solamente del fruto del árbol de la vida. Los conceptos creados por el hombre dieron pie a la generación de ideas y placeres temporales, y esto provoca un desvío en nuestra afinidad con Dios, nos aleja de Él para mantenernos ocupados desarrollando  y generando nuestros propios paradigmas y valores, los cuales no prevalecerán por la eternidad.

En conclusión, el alimento más importante es aquel que moldea nuestro ser elevando la calidad humana a una esfera suprema, obteniendo como consecuencia una personalidad equilibrada y solida, por medio del cual siempre estaremos realizados y saciados. ¿Podemos comer del árbol del conocimiento del bien y del mal? Pienso que podemos tomar los frutos buenos de este árbol, sin embargo debemos de considerar el no hacerlos la principal fuente de sustento para nuestra vida ya que la satisfacción que estos producen no prevalece.

Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. (Juan 6:35)