El perdón es un concepto aparentemente sencillo de comprender, sin embargo, es necesario meditar y reflexionar profundamente al respecto si se desea practicarlo verdaderamente. Para iniciar, consideremos su significado según el diccionario de la Real Academia Española:

“Remitir la deuda, ofensa, falta, delito u otra cosa.”

Para complementar esta definición, quiero agregar que el término remitir se refiere a eximir, declinar, ceder. De esta forma, es posible reescribir la idea de tal manera que perdonar es el hecho de desaparecer todo rastro de deuda, ofensa, insulto, injuria, daño, delito o agravio que haya sido hecho hacia nuestra persona, directa o indirectamente. Existen básicamente dos factores por medio de los cuales se forma una condición en nuestro interior que requiera de perdón: los eventos conscientes y los eventos inconscientes. Desde el punto de vista consciente podemos guardar algo en contra de otros individuos como resultado de nuestra percepción objetiva acerca de un evento. Desde el punto de vista inconsciente existe la posibilidad de haber captado y construido alguna situación sin darnos cuenta.

Aparentemente muchos de nosotros perdonamos a otros, sin embargo, conservamos por algún tiempo, e incluso durante toda la vida, un sentimiento negativo cada vez que recordamos la afrenta, lo cual es un claro indicador de que nuestro perdón no ha sido llevado a cabo efectivamente. Para perdonar no es suficiente con pensar o exclamar la frase “Te perdono”, para perdonar es necesario cancelar por completo el efecto producido al traer a la memoria el agravio que se nos cometió. No en todos los casos la persona o personas ofensoras cometen la falta de manera consciente o con intención, muchas veces somos nosotros mismos quienes la generamos ya que existe la posibilidad de malinterpretar el verdadero propósito de las palabras y/o actos de los demás. En otras palabras, hay ocasiones en que nosotros formamos, por no decir inventamos, el hecho de que alguien nos ha ofendido sin ser esto una realidad.

El perdón no necesariamente está relacionado con otros individuos, sino que también se puede vincular con nuestra propia persona. Esto quiere decir que es posible que existan eventos desagradables efectuados por nosotros mismos de los cuales estemos avergonzados o que nos provoquen algún sentimiento de incomodidad y/o culpabilidad. Esto puede llegar a ser tan crítico que la incapacidad de perdonarnos a nosotros mismos nos conduce a tomar decisiones lamentables, tal como el suicidio.

Inconscientemente, también se generan circunstancias que demandan de la habilidad de perdonar. Consideremos el siguiente ejemplo: Si nuestro padre y/o madre pasaron la mayor parte del día trabajando durante los primeros años de nuestra vida y nosotros estuvimos al cuidado de una persona extraña, la parte no consciente de nosotros pudo haber grabado e interpretado esto de alguna manera tal que quizá no nos consideremos dignos de recibir amor y por lo tanto estemos condenados a sufrir por el resto de nuestra vida con la incapacidad de dar y recibir afecto. Sin embargo, nuestro padre y/o madre pueden tener todo nuestro respeto porque no fuimos maltratados por ellos y el tiempo que no recibimos de su parte fue necesario debido a que se dedicaron a llevar el sustento al hogar. De hecho, ellos ni siquiera tuvieron la intención de formar esa situación dentro de nosotros y seguramente no lo saben.

¿Cómo conocer las circunstancias que merecen nuestro perdón? Básicamente son dos los aspectos a considerar que ejercitan nuestra capacidad de perdonar:

  1. Al finalizar cada día, haga un resumen de los acontecimientos para detectar toda situación que requiera perdonar por muy mínima que esta sea, así localizará los incidentes que conscientemente vivió y que requiera perdonar.
  2. Medite, piense profundamente y ore para pedir que le sean mostrados aquellos eventos inconscientes que sea necesario perdonar.

En ambos casos, debemos de visualizar las circunstancias con afecto, revivir en nuestra mente cada momento desagradable y transformarlo en amor. Al perdonar, habremos cortado las anclas que nos impiden avanzar satisfactoriamente en el caminar por la vida y obtendremos bienestar y libertad desde el punto de vista físico, emocional, espiritual y mental. El perdón es una ley espiritual establecida por Dios y actúa por sí misma, tiene vida propia, está en constante vigilia para detectar su cumplimiento por lo que al obedecerla se produce una reacción de liberación hacia nosotros, lo cual se resume en la siguiente porción del evangelio según Mateo:

Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas. (Mateo 6:14-15) 

Recuerde, el perdón produce libertad y bienestar físico, emocional y espiritual.