Para iniciar, describiré el concepto de orar desde el punto de vista espiritual como establecer un diálogo con Dios a través del cual podemos acercarnos a Él con un objetivo. La meta puede ser pedir apoyo para satisfacer una necesidad material, la consulta para la toma de una decisión o simplemente para entrar en contacto con Él y disfrutar de su presencia como cuando nos deleitamos en compañía de un buen amigo. Existe un modelo básico para orar que fue dado por Jesús en lo que comúnmente se conoce como el Padre Nuestro y que a continuación describo.

El modelo inicia con las palabras “Padre nuestro”, lo cual implica el reconocimiento de que existe una autoridad, un líder. Un padre es aquella persona en quien se puede confiar para suplir, si no todas las necesidades, por lo menos las más básicas. Un padre está dispuesto a escuchar, a aconsejar, a asesorar a sus hijos para que tomen las decisiones correctas que lo conducen al éxito en todos los aspectos. Un verdadero padre ama a sus hijos, dialoga con ellos, predica con el ejemplo, aconseja, instruye, educa, protege, motiva, bendice; en pocas palabras, un padre es proveedor de las necesidades materiales, espirituales y emocionales.

Dios no es una persona física sino espiritual y se encuentra en todo lugar, y eso es lo que proyecta la frase “que estas en los cielos” ya que los cielos es toda la creación. Por lo tanto, tenemos acceso a Él en todo lugar y, por si fuera poco, también en cualquier momento. No requerimos de una cita previa para un encuentro e incluso es posible vivir continuamente en su presencia.

Ser santo implica ser perfecto, intachable, de comportamiento insuperable, por lo tanto en la expresión “santificado sea tu nombre” admitimos y concedemos dichas características sobre la persona de Dios. La palabra “nombre” es sinónimo de reputación y trayectoria, así que, además de declarar la perfección de su persona, también se incluye la excelencia de sus obras.

Un reino es un gobierno, y un gobierno se rige por leyes. Al declarar “venga tu reino” expresamos el deseo de que este mundo sea gobernado por las leyes perfectas de Dios, leyes que no caducan y que son válidas universalmente. Preste atención a este aspecto y vea que, de ser así, se eliminarían las fronteras y la desigualdad, habría equidad entre los hombres debido a que el gobierno de Dios no se limita a una región geográfica, sino que se aplica de manera absoluta en todo lugar, a todo pueblo, a toda nacionalidad, a toda raza.

Manifestamos otro deseo al exclamar “Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”. Entonces, ¿la voluntad de Dios no es hecha en la Tierra? Al parecer no, sino que la voluntad imperfecta del hombre caído y separado de Dios es la que rige este planeta actualmente. ¿Por qué? Porque fuimos creados con libre albedrío y El respeta esa faceta que implementó en nosotros. Entonces, ¿cuál es la voluntad de Dios? En mi humilde opinión, la voluntad de Dios es que seamos sus dignos representantes y que ejerzamos la autoridad que nos fue delegada. Representar a Dios significa personificarlo y ejemplificarlo, cuidar sus intereses y velar porque se cumplan sus objetivos. Imagínese usted como representante del dueño de una gran empresa, piense en cuál sería su función. Definitivamente su trabajo consistiría en cerciorarse de que las órdenes de su jefe se cumplan al pie de la letra y que el negocio marche perfectamente. Pero, ¿cuál es la voluntad de Dios? Que seamos una sociedad fraternal, regida en primera instancia por los valores instituidos por El como el amor, el perdón, la fe y la humildad; y que mantengamos en un nivel secundario aquellos valores materiales, falsos, temporales e intrascendentes creados por nosotros los hombres.

Ahora se presenta lo que considero la primera petición al exclamar “Nuestro pan de cada día, dánoslo hoy”. En este caso, el pan es símbolo de alimento tanto material como espiritual. Toda persona requiere comer unas 3 veces al día para llevar a cabo las labores y responsabilidades cotidianas; pero el alimento físico no es la única fuente de subsistencia sino que también es necesario alimentar el espíritu que representa toda aquella información que hacemos parte de nuestro ser y que define nuestra personalidad y comportamiento, y  adicionalmente, nos proveerá del soporte necesario para enfrentar las diferentes situaciones que la vida nos presente. Note usted que la petición es por lo que requerimos el día de hoy y no para una semana o un mes. Esto sugiere un contacto continuo con nuestro Padre celestial, una comunicación que se lleva a cabo día tras día.

Ahora continuamos con otra petición, “Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”. En este contexto, una deuda se refiere a un agravio cometido en contra de otra persona; es un daño de cualquier índole, ya sea material o moral. Observe usted que en esta petición existe una medida que es el resultado de una acción de nuestra parte, lo que pedimos se basa en lo que damos. En otras palabras, podemos reescribir esta frase de la siguiente manera: “Perdona nuestras faltas en el mismo grado en que nosotros perdonamos las faltas de otros.”.

Por medio de la declaración “Y no nos metas en tentación”, solicitamos la inteligencia y sabiduría requerida para rechazar los deseos o provocaciones que violan nuestra integridad. Si usted sufre de diabetes, debería de abstenerse de comer ciertos productos, pan dulce por ejemplo. Si no logra vencer la tentación y abusa del consumo de este producto estará afectando su salud física. Así, otras tentaciones existen en este mundo, como las drogas, el alcohol, el sexo ilegítimo, las cuales tienden a degradar la calidad humana.

Por último, llegamos a la frase “mas líbranos del mal” a través de la cual demandamos la liberación acerca de cualquier situación que pueda causarnos un daño. En este aspecto, puede haber situaciones que nos dañen y que son ocasionadas directamente por nosotros, como el no resistir la tentación de la cual hablamos anteriormente. Sin embargo, también se presentan situaciones fuera de nuestro control, como un accidente causado por un conductor ebrio. Por lo tanto, al solicitar ser librados del mal nos referimos a mantener lejos de nosotros cualquier evento que nos perjudique, ya sea directa o indirectamente.

Es importante notar que todas las declaraciones que incluye este modelo de oración no son hechas de manera individualista sino de forma solidaria ya sea implícita o explícitamente,  lo cual implica que se toma en cuenta a toda persona. Esto puede observarse desde el inicio al decir “Padre nuestro” y no “Padre mío”. También, al exclamar “venga tu reino” deseamos un gobierno celestial para la humanidad entera. En otros fragmentos la referencia es directa como al expresar “nuestro pan de cada día, dánoslo hoy”, “perdona nuestras deudas”, “no nos metas en tentación”, “líbranos del mal”. ¿Por qué es esto así? Porque lo que deseamos para otros lo atraemos para nosotros mismos.

Analice este modelo durante un tiempo y poco a poco le hará más sentido el paradigma universal de orar a Dios.