Cuenta la Biblia que un hombre, llamado Saulo y originario de la ciudad de Tarsis, viajaba hacia Damasco con el objetivo de apresar a toda aquella persona seguidora de Jesús. La actitud de Saulo poseía un alto grado de maldad ya que, según la narración, “respiraba amenazas y muerte contra los discípulos del Señor”. De esta forma, emprende su viaje y, en alguna parte del camino cerca de su destino, experimenta un suceso insólito. El relato describe que este hombre fue “repentinamente rodeado por un resplandor de luz del cielo”, cayó a tierra y escuchó una voz que le preguntaba ¿porqué me persigues? La explicación continúa diciendo que Saulo cuestiona ¿quién eres Señor?, recibiendo como respuesta “yo soy Jesús a quien tú persigues”. Así, temblando y temeroso, este individuo formula la segunda pregunta, ¿qué quieres que yo haga?, cuya respuesta tan solo se limitó a indicarle que entrara en la ciudad en donde recibiría instrucciones. Saulo quedó ciego temporalmente ya que, según la Biblia, no pudo ver después de abrir los ojos, por lo cual supongo que los mantuvo cerrados a lo largo de esta vivencia. En esta condición permaneció durante tres días en Damasco, ciego y sin comer ni beber, hasta que un hombre llamado Ananías hace una oración por él, recuperando la vista y cayendo de sus ojos como escamas, según lo indica el relato. Mi interés en esta exposición es la ceguera que experimenta Saulo.

Primeramente, él padece una muerte simbólica al quedar ciego ya que las tinieblas representan muerte, en pocas palabras, sin luz no hay vida. En esta situación estuvo durante tres días, ciego y sin comer ni beber, en donde encuentro dos símbolos representados por el ayuno y el número tres. El ayuno implica un tiempo de purificación espiritual, una deducción que aprecio debido a las implicaciones físicas ya que ayuda a depurar el aparato digestivo, a limpiar la sangre, a desintoxicar las células, a la renovación de la piel y el pelo, entre otros beneficios.

Respecto a los tres días, notemos como fue hasta el tercer día cuando Dios produjo la primera clase de vida, la más elemental, al restaurar nuestro planeta Tierra de las tinieblas del abismo. También, fueron tres días los que el profeta Jonás estuvo en el vientre de una ballena en total oscuridad. Y qué decir de la resurrección de Jesús tres días después de su muerte.

Es preciso advertir que, cuando Saulo recupera la vista, cae algo de sus ojos que parecen escamas. La escama es una especie de lámina aplanada que es parte de la piel en algunos animales y cuya principal función es proteger y aislar. Por lo tanto, veo un símbolo más, Saulo es metafóricamente apartado para salvaguardarlo de la maldad que había en él y, además, para separarlo de las ideas radicales como perseguidor de aquellos que practicaban la doctrina de Jesús.

Finalmente, él es transformado y llega a ser el mayor protagonista en la expansión del cristianismo durante el primer siglo, y hasta es posible que él mismo haya decidido desechar su nombre Saulo, el cual desciende del idioma hebreo, para utilizar su similar en griego, Pablo, el cual emplea a partir de ese tiempo.

¿Qué lección nos proporciona la experiencia de Pablo? Sin duda alguna, todo individuo requiere de un proceso de transformación de tal manera que logre convertirse en alguien que sea un digno representante de Dios, al fin y al cabo, somos hechos a Su imagen y conforme a Su semejanza. No es necesario que suframos una ceguera en el sentido estricto de la palabra, no hace falta porque ya lo estamos, padecemos este síntoma desde el punto de vista espiritual, nuestra relación con Dios es aún vana porque hacemos lo que bien nos parece día a día, nos ocupamos solo de nuestros intereses personales sin tomarlo en cuenta y sin preguntar como lo hizo Pablo, ¿qué quieres que yo haga? Tampoco es necesario esperar una respuesta de Dios con instrucciones acerca de aquello que quiere que hagamos ya que, al igual que Pablo, es Su deseo el de representarle con autoridad. Pienso que debemos de preguntar ¿qué quieres que yo haga? a cada momento, antes de permitir a nuestra boca pronunciar palabras, antes de permitir a nuestros ojos dirigir nuestra mirada, en cada deseo, en cada pensamiento, en cada sentimiento, en cada decisión. Poco a poco y a través del tiempo, esa pregunta será menos frecuente, lo cual indicará que tan cerca estamos del objetivo, que tanto será nuestro parecido con respecto a Él. Será como ir escalando un puesto en un trabajo, en una empresa cuyo director general se llama Dios.