¿Está la sabiduría disponible para toda persona? Ciertamente lo está. ¿Y, dónde la encuentro? La respuesta se encuentra aquí:

“El principio de la sabiduría es el temor de Dios…” (Proverbios 1:7).

Note usted que la frase anterior se refiere al temor “de” Dios y no al temor “a” Dios, lo cual implica que Dios mismo tiene cierto temor. Pero, ¿Tendrá Dios miedo de algo? Por supuesto que no. Para entender esto es preciso conocer el significado exacto del término “temor”, el cual se define de la siguiente manera según el diccionario de la Real Academia Española:

“Pasión del ánimo, que hace huir o rehusar aquello que se considera dañoso, arriesgado o peligroso.”

Ahora está claro que el temor de Dios no implica miedo sino la infinita convicción de mantenerse alejado de lo malo. Por lo tanto, el camino para alcanzar la sabiduría es temer a aquello que Dios también teme; en otras palabras, para llegar a ser un individuo sabio se requiere el deseo y la práctica de todo aquello aprobado por Dios. Dios aprueba el amor y reprueba el odio, aprueba la bondad y reprueba la maldad, aprueba la paz y reprueba la violencia, aprueba la paciencia y reprueba el nerviosismo y el estrés, aprueba la templanza y reprueba el desenfreno, aprueba la fe y reprueba la duda, aprueba la humildad y reprueba la soberbia y la arrogancia, aprueba la mansedumbre y reprueba rebeldía, aprueba la prudencia y reprueba la insensatez. Estas características son más que suficientes para iniciar la caminata rumbo a la sabiduría. Iniciemos hoy nuestro recorrido hacia ese magnífico destino el cual, sin duda alguna, nos conducirá al éxito.

Ahora, he aquí dejo una pregunta para todo lector, ¿Qué situación habrá que un hombre sabio no pueda solucionar correctamente?