Sin duda alguna, todos debemos de considerar un proceso de transformación, que nos conduzca continuamente en dirección de la excelencia como personas. Me gusta la manera en que el apóstol Pablo nos invita a hacerlo en el siguiente texto:

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” (Romanos 12:2)

Las palabras clave en el párrafo anterior son: conformar, transformar, renovar y comprobar.

Conformar significa ajustar, concordar algo con otra cosa, dar forma, darse por satisfecho. El término siglo, se refiere a la manera de vivir en el tiempo en que vivimos actualmente. Por lo tanto, se nos sugiere no tomar como un hecho irrefutable lo que hemos aprendido en este mundo a lo largo de nuestra vida, los conceptos que hemos adquirido no son necesariamente verdaderos o los mejores. Es necesario cuestionar si el entendimiento que actualmente tenemos de la vida es el correcto y preguntarnos si lo que nos enseñaron, o mejor dicho lo que aprendimos, es como nos dijeron que es. 

  • Aprendemos a vestir a la moda porque los diseñadores establecen que durante una temporada deben de usarse ciertos colores, tipos de tela, adornos, accesorios.
  • Aprendemos a amar según lo que hemos observado en las telenovelas y el cine. 
  • Aprendemos que las matemáticas son difíciles de entender porque la mayoría de la gente así lo dice.
  • Aprendemos a leer libros con el tradicional método escolar cuando hay otras maneras de hacerlo más efectivas.

Lo contrario a la conformación es la transformación, y esto implica cambiar la forma en que percibimos las cosas, modificar nuestra personalidad y convertirnos en una nueva criatura. La creación está en continua transformación; sin saberlo nuestro cuerpo se transforma continuamente: unas células mueren mientras otras nacen, los alimentos son procesados y sintetizados, el aire que respiramos lo separamos en oxígeno y otros componentes.

La herramienta para la transformación es la renovación de nuestros actuales conceptos. Para esto es necesario deshacernos de las viejas ideas y renovar lo que actualmente entendemos de la vida. Lo correcto es cuestionar, investigar y descubrir una manera de mejorar. No se trata de rebelarse y hacer lo que nos venga en gana sino de considerar alternativas que nos conduzcan a convertirnos en mejores individuos. Renovar implica hacer nuevo algo viejo, y en este caso, significa dirigir hacia un nuevo rumbo nuestra antigua personalidad considerando que existen otras perspectivas de la vida que son edificantes y constructivas.

Haciendo lo anterior entonces podremos comprobar que en realidad existen alternativas que nos conducen a un nivel más avanzado, más elevado, más desarrollado, de mayor calidad, superior, supremo. Y esta es la voluntad de Dios, agradable y perfecta.