Se ha terminado la celebración de la Navidad y ahora todo vuelve a la normalidad, y yo me pregunto, ¿qué objetivo se cumplió?, ¿por qué es tan especial esta temporada? Es claro que para mucha gente, la importancia radica en una reunión familiar, una buena cena y regalos. Sin embargo, esto solamente ofrece un gozo temporal, mientras duran los festejos ya que, al terminar estos, nuestra vida continúa como si nada hubiera acontecido. En ocasiones, hasta los regalos son olvidados rápidamente y arrumbados en algún rincón.

El mejor regalo es el nacimiento de Jesús ya que, en realidad, ese es el principal motivo a celebrar. Pero, ¿será esto todo lo que debemos de considerar? Es conveniente tomar en cuenta el nacimiento de Jesús de manera diferente y considerar que dicho nacimiento se lleve a cabo dentro de cada persona. Y esto, ¿qué significado tiene? La respuesta es sencilla, debemos de meditar profundamente acerca de los valores que rigieron Su vida e integrarlos en nosotros mismos.

¿Cuál es el beneficio? El beneficio es la libertad porque conoceremos la verdad la cual radica en la personalidad de Jesús. Pero, ¿de qué libertad estoy hablando? De la libertad de los valores efímeros y vanos que nos ofrece este mundo, de tal forma que llegaremos a ser personas con una identidad propia, verdadera, eterna y universal. Amaremos y perdonaremos sin condiciones, nuestra paz no conocerá fronteras, nuestro gozo será ilimitado, moveremos montañas con nuestra fe. En otras palabras, el cristal a través del cual percibiremos el mundo no tendrá ningún color sino que será completamente transparente.

Le invito a celebrar la Navidad cada día del año, cada mañana, cada noche. Considere a Jesús como su mejor amigo, conózcale, aprenda de Él, imítele, y realícese como ser humano.