El diccionario de la Real Academia Española define el término ignorancia como la “Falta de ciencia, de letras y noticias, general o particular”. En otras palabras, la ignorancia es la falta de conocimiento. Pero, ¿de qué tipo de conocimiento?

Hoy en día, existe una enorme cantidad de información, lo cual hace imposible que podamos adquirirla en su totalidad, y es por esta razón que la ciencia y la tecnología (entre otros) se han especializando con el objetivo de tener la posibilidad de que el ser humano se prepare en alguna campo especifico. Sin embargo, el obtener altos grados de estudios universitarios no implica que un individuo deje de ser un ignorante al 100%, sino que tan solo significa que ha avanzado en el conocimiento de cierta área en concreto. Sin el conocimiento de la física el hombre nunca hubiera explorado el espacio, sin el conocimiento de la computación usted no estaría leyendo este mensaje, sin el conocimiento de la medicina las enfermedades ya nos hubieran consumido totalmente.

Todo este tipo de conocimiento ha ayudado a mejorar nuestra vida en ciertos aspectos, no obstante, aún existen problemas de diferencias raciales, guerras, asesinatos, robos, pobreza extrema, drogadicción, alcoholismo, tabaquismo, prostitución. ¿Qué parte de la ciencia nos apoya para aliviar efectivamente estos males? Al parecer ninguno ya que, ni las matemáticas, ni la química, ni la contabilidad, ni la arquitectura, ni la ingeniería, ni la biología, ni una maestría y ningún doctorado nos proveerá de las herramientas para erradicar este tipo de males.

Es muy notorio que, a pesar de los grandes avances científicos que hemos alcanzado, la calidad en la relación entre los seres humanos ha empeorado. ¿A qué se debe este fenómeno, existirá una solución? La respuesta es un rotundo SI, si existe una solución pero hace falta adquirir otro tipo de conocimiento, un conocimiento que a muy pocas personas interesa, y es el conocimiento de Dios. Para adquirir el conocimiento de Dios existe un solo libro de texto cuyo contenido proviene directamente de Él y, por supuesto, hablo de La Biblia.

La falta de conocimiento de Dios, o bien, la ignorancia acerca de Dios, ha producido las grandes diferencias entre los seres humanos debido a que se ha generado una innumerable cantidad de corrientes de pensamiento, ninguna de las cuales cubre la verdad total y absoluta respecto al único camino confiable en la vida de toda persona. Las Palabras que Dios ha plasmado en La Biblia incluyen la ruta auténtica que debemos de seguir para alcanzar la personalidad perfecta, el carácter excelente y la identidad sublime que se requiere para aliviar los grandes males que nos aquejan.

Con toda razón el profeta Oseas escribe: “Mi pueblo perece por falta de conocimiento”, lo cual podemos generalizar y reescribir diciendo que los pueblos de esta Tierra se destruyen a sí mismos y morimos espiritualmente a causa de la ignorancia de Dios. Todos los seres humanos tenemos la oportunidad de convertirnos en personas inteligentes, y esto no lo digo yo, lo dice el rey Salomón de la siguiente manera:

“El temor de Dios es el principio de la sabiduría, y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia.” (Proverbios 9:10)

¿Cómo es posible que nos convirtamos en personas inteligentes cuando conocemos a Dios? Esto es sencillo, ya que cualquier individuo inteligente sabe con certeza lo que es conveniente hacer y eso hará; por el contrario, el individuo ignorante tan solo se enfoca en sus propios deseos y actúa en base a eso. Esta es la gran diferencia entre el egoísmo y la fraternidad. La persona inteligente no es aquella que más estudios tiene; la persona inteligente entiende, comprende, perdona, ama, bendice, es misericordiosa, es prudente, es humilde, es justa, es paciente, es bondadosa, es diligente, tiene fe; y todo esto se logra solamente mediante el conocimiento de Dios. ¿Cómo conocer a Dios?

Conocer a Dios es parecido a conocer a una persona. Y ¿qué necesita usted para conocer a una persona? Sencillamente relacionarse con ella. Sin embargo, es preciso ir aún más allá, es necesario establecer un vínculo que trascienda una simple relación. Por supuesto que estoy hablando de entablar una amistad y, para lograrlo, se requiere que exista afinidad e intimidad entre las personas. Por lo tanto, tenemos que hacernos a la idea de que somos nosotros los que debemos de acercarnos, y por ende, adoptar la personalidad de Dios. Solamente puede existir intimidad cuando 2 o más personas son afines, solo así es posible establecer un lazo desde el punto de vista espiritual. Recordemos el pequeño pasaje en Génesis, capítulo 5, versículo 24 que dice así:

“Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios.”

¿Qué significa caminar con Dios? Significa comportarse como Él, significa estar de acuerdo con sus reglas, significa estar convencido de sus estatutos, significa conducirse de acuerdo a su plan, significa confiar en Él en todo momento y en toda situación, significa hablar con Él y consultarlo en todo instante. ¿Acaso no lo dice así el rey Salomón en su proverbio 3:5-6? Véalo usted mismo:

“Fíate del Señor de todo tu corazón y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos y Él enderezará tus veredas.”

En la genealogía presentada en el capítulo 5 del libro de Génesis, todos murieron excepto Enoc, no murió sino que le llevó Dios. Imagine usted esto por un momento, medítelo, reflexiónelo, examínelo. Seguramente fue una experiencia grandiosa la de Enoc.
Ahora bien, el resultado en nosotros al caminar con Dios implica amar y perdonar incondicionalmente, representa ser bondadoso por naturaleza, humilde de corazón, paciente y prudente en todos los aspectos, mansos y apacibles, diligentes y eficientes, dominar nuestros impulsos, tener fe para agradar a Dios; en pocas palabras, nos convertiremos en personas sabias e inteligentes lo cual es contrario a la ignorancia y a la muerte espiritual. Solo existe una vía para conocer a Dios y es por medio de su Palabra escrita en la Biblia. Así que, en conclusión, para conocer a Dios necesitamos escudriñar Su Palabra. Note usted que digo escudriñar lo que significa investigar, indagar, escarbar y experimentar. Conviértase en un apasionado de Dios, en su fanático. No le aseguro que usted tendrá una experiencia final como la de Enoc, pero si le aseguro que no perecerá porque su espíritu estará vivo por siempre.