No cabe duda que los grandes hombres de la Biblia han tenido que ser entrenados y probados por Dios en condiciones extremas de fe usando un ambiente que es el preferido para el Señor: el Desierto. Pero, cuando hablo del desierto, no necesariamente me refiero a un lugar en el espacio prácticamente inhóspito con arena y sol, sino a un ambiente de carácter espiritual en donde el hombre es despojado de todo lo que le da sentido a la vida común y no existe ninguna ayuda sino solamente la de Dios.

Es en esta atmósfera en donde solo encontramos 2 opciones: continuar confiando en Dios creyendo firmemente que Él está detrás de todo con un gran propósito, o bien maldecirlo y decidir regresar a las costumbres cotidianas del mundo corriente. Esta postura en la que Dios nos coloca es lo que comúnmente podríamos considerar como “estar entre la espada y la pared”.

José, conocido como “el soñador”, fue vendido por sus hermanos en calidad de esclavo, situación que lo llevó a Egipto donde después fue encarcelado por un delito que no cometió. Su correcta actitud ante estos sucesos lo condujo a ocupar la segunda posición política en esa nación, que en ese entonces era una potencia mundial, siendo el rey o faraón la única persona más poderosa por encima de él.

A Noé le fue asignada la aparente ridícula tarea de construir un arca de enormes dimensiones, unos 138 metros de longitud, 23 metros de ancho y 14 metros de alto. La razón: protegerse de un también aparente absurdo diluvio que acabaría con la vida de todo ser viviente sobre el planeta Tierra. Noé trabajó en este proyecto durante un máximo de 100 años, entre sus 500 y 600 años de edad, sobrellevando la presión de críticas y burlas de las personas a su alrededor.

Abraham, por ordenes de Dios, salió de su tierra dejando de lado a su parentela sin saber el lugar al que debería de llegar. También, a sus 75 años de edad, recibió y creyó en la promesa de Dios acerca de engendrar un hijo porque no tenía descendencia, lo que se cumplió 25 años mas tarde cuando ya era de 100 años de edad y su mujer de unos 90. Por si esto fuera poco, obedeció sin cuestionamientos cuando Dios le pidió que sacrificara a ese hijo llamado Isaac. Afortunadamente, Dios detiene este acto un instante antes de que Abraham le diera muerte.

Moises abandonó los lujos y comodidades de Egipto renunciando a la posibilidad de convertirse en el rey de ese país. Al salir de Egipto, estuvo en Madián durante 40 años, una parte del desierto al Norte de Arábia, donde Dios lo estuvo preparando para convertirlo en el libertador de la nación de Israel la cual se encontraba bajo esclavitud y opresión de Egipto, país que, como en el tiempo de José “el soñador”, continuaba siendo una potencia mundial. Cuando los hebreos fueron finalmente liberados, pasó otros 40 años en el desierto con el pueblo entero soportando y lidiando con las quejas y reclamos de los israelitas.

¿Qué tienen en común todas estas circunstancias? Sin duda alguna el común denominador es que cada uno de estos personajes fué apartado hacia circunstancias extremas fuera de lo común. Seguramente no había nadie que quisiera acompañarlos por la travesía que estaban experimentando ni apoyarlos en sus proyectos asignados, en otras palabras, estaban completamente solos, o más bien, se encontraban aparentemente solos y sin apoyo. Era como estar abandonado, parado en medio de un inmenso desierto totalmente desorientado y mirando en todas direcciones, hacia el Norte, Sur, Este y Oeste, pensando en la manera de sobrevivir y sin ninguna respuesta. Sin embargo, en los momentos más inesperados, Dios provocó las situaciones perfectas para producir las soluciones más impactantes e increibles:

  • José “el soñador” paso de la prisión a ser el hombre más poderoso de Egipto después del rey.
  • Noé entró al arca y comenzó el diluvio que acabó con todo ser viviente excepto él y su familia.
  • Abraham y Sara su mujer procrearon un hijo siendo ambos de edad avanzada cuando humanamente no existe posiblidad alguna de fertilidad.
  • El pueblo de Israel, bajo el mando de Moises, estaba entre el mar y el ejército egipcio sin escapatoria de la muerte cuando el Mar Rojo fue abierto para cruzar en seco hacia la libertad.

Mi amigo, si se encuentra en un desierto, solo, abandonado, sin fuerzas, sin respuestas, sin posibilidades, entonces usted está en tierra fértil, en un lugar privilegiado, porque este tipo de situaciones son las oportunidades que Dios busca para comprobar nuestra fe.

Es cosa ciertísima que toda la atención del Señor está sobre usted y sus circunstancias, solo hace falta que nuestra actitud sea de agradecimiento por dicha oportunidad, y de fe, confiando que Dios llevará a cabo una obra maravillosa para actuar a nuestro favor y premiarnos por creer en El. No busque respuestas observando hacia los 4 puntos cardinales porque la solución se encuentra mirando hacia arriba.

“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.” (Hebreos 11:6)