Un amigo mío me ha preguntado si Dios desea que seamos felices y a continuación les comparto la respuesta:

Lo que Dios demanda del hombre es justicia, la cual se alcanza por medio de la obediencia a sus estatutos y esto, como consecuencia, genera gozo en el individuo.

Dios no quiere que seas feliz precisamente, sino que hagas aquello que trae el gozo como consecuencia y que representa felicidad continua. Dios desea que retomes el objetivo con el cual fuiste creado que es Su imagen y Su semejanza.

Considere el siguiente pasaje:

“Los mandamientos de Señor son rectos, que alegran el corazón.(Salmos 19:8)

Otro pasaje es el siguiente:

“Porque tú, oh Señor, bendecirás al justo; como con un escudo lo rodearás de tu favor.”  (Salmos15:12)

¿Acaso no tendrás gozo rodeado del favor de Dios?

Un texto adicional es:

“Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas, en cuyo corazón están tus caminos.” (Salmos 84:5)

Bienaventurado implica afortunado, con “buena suerte” la cual el mismo Dios pone de tu lado.

Pablo dice que “El fruto del espíritu es Amor, gozo, ……”, porque el amor produce gozo.

Hay muchos segmentos en la Palabra de Dios que hablan del gozo como una consecuencia de la obediencia. Dios se complace en la justicia y en la obediencia, por eso Jesús es “su hijo amado en quien tiene complacencia”. Todo lo que Jesús pide a su Padre le es concedido por causa de su obediencia. ¿Acaso no sería usted feliz en estas circunstancias?

“Mas buscad primeramente el reino de Dios…” es otro ejemplo que muestra que Dios quiere obediencia y justicia como objetivo principal, los cuales son la puerta de entrada al gozo del hombre, porque cualquier otro deseo en el corazón del ser humano será provisto por Dios como una consecuencia.

El objetivo “directo” de Dios no es el gozo sino aquello que lo produce lo cual es Dios mismo porque Él es amor, gozo, paz, paciencia, bondad, benignidad, fe, templanza, y todo lo que representa el fruto del espíritu.

El objetivo de Dios siempre ha sido habitar entre nosotros y en nosotros. Así fue al principio con Adán y Eva.

Después de la caída del hombre, Dios siempre ha “intentado” habitar entre nosotros. Así lo demuestra Su presencia en el Arca del Pacto, el caminar de Jesús en este mundo, y el Espíritu Santo quien fue enviado por Dios como consolador.

¿Quiere usted ser feliz? O, mejor dicho, ¿quiere usted estar en una condición de gozo? Busque a Dios, deléitese en Él, y los deseos más íntimos le serán concedidos. Que bendición más grande es poder escuchar la voz de Dios diciendo: “Hijo mío, aquí te entrego lo que me has pedido”.