“Para dar sagacidad a los simples, y a los jóvenes inteligencia y cordura.” Proverbios 1:4

Sagacidad y simpleza son 2 términos con un significado diametralmente opuestos.

En el contexto de este fragmento del Proverbio 1, un individuo simple se refiera a alguien que es fácilmente influenciado, alguien que todo se cree y que no posee la capacidad de cuestionar ni discernir. Alguien con esta característica es fácilmente engañado y se deja llevar por toda palabra y doctrina porque no tiene entendimiento ni conocimiento para juzgar sabiamente.

Contrariamente, la sagacidad se relaciona con la astucia para evitar el engaño, con la prudencia para actuar sigilosamente, con mesura y precaución. Aquel que es sagaz analiza, está atento al engaño, previene y evita riesgos innecesarios.

Generalmente, los jóvenes de edad son individuos inexpertos, debido al poco tiempo que han vivido. Sin embargo, esto es también aplicable a aquellas personas con poca experiencia independientemente de su edad cronológica. Existen, de hecho, hombres y mujeres de edad adulta y hasta avanzada que no han logrado adquirir una madurez óptima. Los proverbios proporcionan a estos jóvenes dos importantes características: inteligencia y cordura.

La inteligencia es la capacidad de recibir información y procesarla. Es la capacidad de entender, comprender y resolver situaciones eficientemente. La cordura se relaciona con la sensatez y el buen juicio, con la moderación que un individuo muestra en su actuar.

En resumen, este cuarto propósito va dirigido a personas fácilmente influenciables, proporcionando astucia para evitar el engaño. También, los individuos inexpertos se benefician debido a que adquieren la destreza para dar soluciones correctas a toda circunstancia que se presente en el diario vivir y, además, les provee de la capacidad de formar un carácter templado y mesurado.