Abraham fue un hombre escogido por Dios para formar una nación que lo representara con el objetivo de ser modelo para el resto de las naciones. En el inicio del capítulo 12 del libro de Génesis encontramos las palabras con que Dios habla a Abraham las cuales más bien parecen ser dichas en tono de una orden de la siguiente manera:

“Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.” Génesis 12:1

Se puede observar que el Señor da instrucciones a Abraham de abandonar un lugar geográfico formado por 3 niveles:

  • El primer nivel, la tierra, representa básicamente el país donde nacemos.
  • El segundo nivel, la parentela, se forma por el conjunto de todos los parientes tanto lejanos como cercanos. Esto incluye tíos, sobrinos, abuelos, etc.
  • El tercer nivel, la casa de su padre, simboliza el círculo familiar más íntimo y que incluye al padre, la madre y hermanos.

Es interesante ver como el destino que Abraham debe de tomar es incierto ya que solamente se le dice que vaya a un lugar que le será mostrado en el futuro. Prácticamente, en lenguaje común, sería algo así:

“Abraham, abandona el lugar en donde te encuentras en este momento. Después te digo el destino, pero por lo pronto vete ya.”

Definitivamente se requiere de mucha fe para seguir dichas instrucciones ya que no existe para Abraham un destino en el mundo tridimensional que percibimos con nuestros 5 sentidos. Sin embargo, las palabras de Dios si incluyen un objetivo en el mundo espiritual.

En la escritura original en lenguaje hebreo, la orden “vete” se forma de 2 palabras: lej lejá. El término lej implica la acción de irse físicamente del lugar, mientras que el término lejá involucra un destino en el interior del ser humano, un encuentro consigo mismo. De esto se deriva que la instrucción dada por Dios a Abraham podría traducirse como sigue:

“Abandona tu nación, tus parientes y tu casa, y vete hacia un encuentro contigo mismo con el objetivo de hallar el propósito de tu vida, a descubrir tu verdadera identidad. Después te diré el lugar exacto al que debes de llegar.”

Para descubrir nuestra identidad y propósito Dios está sugiriendo dejar atrás 3 niveles de influencia que moldean nuestra personalidad desde que nacemos.

En primer lugar, aquellas creencias que adquirimos de nuestro país formadas por la cultura, costumbres y tradiciones.

En segundo lugar, las creencias provenientes de abuelos, tíos, primos, y hasta amigos, maestros y vecinos entre otros.

En tercer lugar, las creencias inculcadas por nuestros padres y, en cierto grado, por lo que percibimos de nuestros hermanos. A esto hay que agregar la herencia contenida en los genes de nuestros antepasados.

En pocas palabras, nuestra personalidad se construye por herencia y por experiencia, y finalmente nos convertimos en una mezcla de muchas y diversas creencias. Prácticamente vivimos y percibimos la realidad a la manera de otros. ¿Suena complicado? Si, en realidad lo es.

En el texto anterior se menciona el concepto de creencia cuyo significado es la aceptación por parte de la mente que algo es verdadero o real, comúnmente soportado por una sensación emocional de certidumbre.

En conclusión, podemos decir que Dios invita a Abraham a arrancar de sí mismo todo aquello que le da significado a su vida para transformar su personalidad con creencias verdaderas y convertirse en un hombre con un propósito auténtico, puro y legítimo.

El mismo Pablo sugiere un cambio de creencias en su carta a la iglesia en Roma cuando dice:

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento…” Romanos 12:2

Lo que entendemos de la vida representa nuestras creencias ya que entender implica poseer una idea clara de algo y Pablo nos exhorta a realizar una renovación: cambiar creencias viejas por creencias nuevas pero verdaderas. Algo importante en estas palabras es que el apóstol se refiere a “vuestro entendimiento” o a los conceptos que cada persona tiene sobre la vida lo cual claramente muestra la perspectiva específica que cada individuo tiene de las cosas.

Hoy en día Dios todavía nos llama para realizar una travesía en nuestro interior con la meta de encontrarnos con Él, renovar nuestra identidad, manifestar el verdadero significado de la vida, y descubrir nuestro propósito.

Hay, sin embargo, una gran ventaja para nosotros que no tuvo Abraham. Dios prometió a Abraham mostrarle el destino en un futuro y fue entrenado durante el recorrido hacia el lugar que se le mostraría. A nosotros ya se nos ha revelado el destino el cual es Jesús y nos capacitaremos en el trayecto hacia Él. Nuestras actuales creencias deberán ser reemplazadas con aquellas reveladas por Jesús. No importa en qué lugar del planeta te encuentres ni a donde tengas que llegar. El estilo de vida que Jesús sugiere es el camino que conduce a la verdad la cual es vida en sí misma.

Que grandioso es llegar a la meta de convertirnos en individuos con la personalidad correcta y vivir una vida genuina.