En su carta a los Efesios, el apóstol Pablo combina 2 conceptos diametralmente opuestos, pero de una manera apropiada que compara el efecto que ambos tienen sobre la personalidad del ser humano. Estos conceptos son: el vino y el Espíritu de Dios. El texto que deseo compartir dice lo siguiente:

18 No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, 19 hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; 20 dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.” Efesios 5:18-20

Dividiremos este fragmento en secciones pequeñas con el objetivo de obtener un mejor entendimiento del mensaje que Dios, por medio de Pablo, quiere proyectar.

No os embriaguéis con vino. El autor de la carta usa la palabra griega methusko la cual, según el Diccionario Bíblico Vine, se trata de un verbo incoactivo el cual denota el principio de una acción que es progresiva. En otras palabras, el estado de embriaguez al que se hace referencia es el que se alcanza al ingerir alcohol durante el inicio del proceso de emborracharse. Cuando una persona comienza a beber, el estado de embriaguez es gradual de tal manera que se pueden observar los siguientes estados a medida que el consumo de alcohol va aumentando:

  1. La conducta es aparentemente normal ya que aún no hay síntomas del consumo de alcohol.
  2. Inician los efectos de euforia, el individuo se vuelve más sociable y aumenta la autoestima. Esto último implica una sensación de más valentía, de creerse más capaz.
  3. Hay excitación, ocasionando sentimientos o pasiones más negativas. Por ejemplo, pasar de reír a llorar.
  4. Falta de orientación y confusión mental.
  5. Falta de coordinación en los movimientos, incapacidad de caminar correctamente.
  6. Se llega a una inconciencia completa.
  7. Posibilidad de morir.

En base a esto, y según el término griego original utilizado, Pablo se refiere a la etapa #2 en donde el individuo en cuestión se siente muy alegre, todopoderoso, fuerte e intrépido.

En lo cual hay disolución. Claramente no se refiere al vino al decir “en lo cual” que envuelve la acción de embriagarse y no “en el cual” que apunta a la bebida alcohólica. Al hablar de disolución, Pablo no se refiere precisamente al hecho de que el vino produce embriaguez sino a que las consecuencias conllevan al hecho de terminar viviendo perdidamente derrochando todo lo bueno que se pudiera haber tenido.
Esto es así ya que, en el idioma griego original, el escritor utiliza la palabra asotia cuyo significado tiene que ver con prodigalidad y derroche. De hecho, el verbo correspondiente a este concepto se refiere a una “vida disoluta” en la cual el individuo se entrega a actitudes contrarias a la moral, a los vicios, a una vida de libertinaje, a vivir perdidamente. Esto se puede comprobar con la narración de la parábola del hijo pródigo que se encuentra en el evangelio de Lucas 15:13 que dice:

“No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente.” Lucas 15:13

Aunque Lucas utiliza el término asotos, este tiene relación directa con asotia usado por Pablo.

Antes bien sed llenos del Espíritu. Pablo se opone a lo anterior con la expresión “antes bien” exhortando a llenarse del Espíritu de Dios y no de vino o, de manera más general, de alguna sustancia que, artificial y temporalmente, altere el estado de ánimo y personalidad como sucede también con otras drogas.

Hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales. Para embriagarse tan solo es necesario tomar la decisión de acudir a la tienda de la esquina, comprar algunas botellas de vino y comenzar a beber. Llenarse del Espíritu de Dios no es diferente porque también solo se requiere de tomar una decisión, la decisión de comunicarse con salmos que implica alabar a Dios, con himnos que implica enaltecer a Dios y con cánticos espirituales que equivale a musicalizar los salmos y los himnos. Es patente el énfasis que Pablo hace al repetir 3 veces el hecho de comunicarse manifestando la admiración y el reconocimiento al Omnipotente.

Cantando y alabando al Señor en vuestros corazones. Nuevamente, el apóstol insiste en reconocer y admirar al Creador, pero ahora incluye el hacerlo con el corazón y no, como se dice comúnmente, “de dientes para afuera”, carente de sinceridad y vanamente.

Dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. La gratitud es una característica común en Pablo por lo que finaliza el fragmento aludiendo a dar gracias a Dios por todo sin importar que a nosotros algo nos parezca bueno o no. A fin de cuentas, y como lo dice en su carta a la iglesia en Roma, “…a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”.

El ánimo y la motivación del ser humano pueden ser temporales y artificiales utilizando agentes como el alcohol, las drogas o incluso el entretenimiento y la distracción. Sin embargo, esto no permanece ya que en el momento en que el efecto termina nos enfrentaremos nuevamente a la “cruda realidad”.

Por otro lado, existe la opción de entender, aceptar y permitir que el Espíritu de Dios dirija nuestra vida. De esta manera, el ánimo y la motivación no tendrán caducidad, sino que permanecerán y nos ayudarán a enfrentar la vida siempre con gozo.