Los Evangelios de Mateo y Lucas narran con detalle la tentación hecha por satanás a Jesús en el desierto. No mencionaré fielmente los textos debido a que es extenso, sin embargo, usted puede revisarlos como una referencia. Se trata de Mateo 4:1-11 y Lucas 4:1-13.

Aunque ambos Evangelios usan mayormente la palabra “diablo” como aquel que hace la función de tentador, se puede deducir que se trata de satanás ya que en los versículos 8 y 10 de Mateo y Lucas respectivamente, el Señor se refiere al tentador como satanás al pedirle, o mejor dicho ordenarle, que se vaya de su presencia. El contenido de este mensaje es un análisis simple y directo de la actitud atrevida del tentador y en ningún momento se pretende dar una explicación profunda sobre el significado de cada aspecto en el que Jesús fue tentado.

¿Qué le parece a usted? El atrevimiento del diablo para hacer caer a Dios mismo hecho hombre en una trampa de tentación.

En la primera tentación, la escritura dice que, después de ayunar 40 días y 40 noches, Jesús tuvo hambre y el diablo le incitó a convertir algunas piedras en pan. La respuesta de Jesús fue que “no solo de pan vivirá el hombre sino de toda palabra de Dios”. Esta tentación se enfoca en lo material y la respuesta del Señor se centra en lo espiritual. Que fácil sería satisfacer los deseos materiales manifestándolos instantáneamente tan solo dando una orden. Claro está que los milagros existen. Sin embargo, no es prudente abusar de la autoridad y poder para realizarlos. Lo más sensato, en este caso específico, es ir al lugar indicado para obtener un plato de comida, un restaurant o en mi propia casa preparar un bocadillo. Si necesito un auto, lo prudente sería ahorrar para adquirirlo y no tan solo ordenar que aparezca de la nada. Quizá usted se puede hacer la siguiente pregunta: “¿Acaso la moneda en la boca del pez no apareció de la nada?” (Ver Mateo 17:24-27) Por supuesto que no. El Señor no creó una moneda de la nada, sino que, en su omnisciencia, tenía conocimiento de que dicha moneda estaba perdida en el fondo del mar. Además, también respetó el hecho de que los gobiernos son quienes tienen autoridad para generar dinero. Jesús actuó responsablemente y sin abusar de su poder para resolver una necesidad material.

En la segunda tentación el diablo invita a Jesús a arriesgar su integridad física dejándose caer desde la parte más alta del templo asegurándole, basado en un texto de la Escritura, que los mismos ángeles evitarían un accidente. Esto es el equivalente de confiar en Dios actuando irresponsablemente. La respuesta del Señor relaciona este hecho con un acto de tentación directa al Padre al responder: “escrito está, no tentarás al Señor tu Dios”. Ciertamente Dios cuida de sus hijos, pero no es sabio arriesgar la integridad física intencionalmente conociendo de antemano las posibles consecuencias. Por ejemplo, si una persona sufre de diabetes, es intolerable comer chocolates y pasteles en el nombre de Jesús para cancelar el efecto dañino.

Por último, el diablo le ofrece a Jesús el poder y la gloria de las naciones del mundo. Se trata de fama, dinero, libertinaje, casas, autos de lujo, aviones privados, palacios y castillos, mujeres, vicios y adicciones. Claro está, a precio de rendirse y someterse ante satanás, y considerarle su señor. Jesús se niega rotundamente haciéndole saber que solo Dios tiene el privilegio de ser considerado Amo y Señor, y digno de ser estimado como la única divinidad.

En todo esto existe un común denominador: las respuestas de Jesús provienen del contenido de la Palabra de Dios escrita. Dichas respuestas no son una opinión o un punto de vista personal sino lineamientos que ya han sido previamente establecidos por Dios. También es preciso observar que, en los 3 casos, satanás intenta poner en duda la divinidad de Jesús ya que cada tentación inicia diciendo: “si eres hijo de Dios”.

¿Cuál sería la razón por la cual Satanás se atrevió a tentar a Jesús? Seguramente tomó el riesgo considerando que el Hijo se había convertido en un ser humano con un cuerpo semejante al de cualquier individuo. Esto prueba que el tentador es tenaz y hará todo lo posible por arrastrar a cualquier persona.

Si satanás se atrevió a seducir al mismo Dios, no tenga la más mínima duda que usted va a ser tentado en algún aspecto de su vida. El objetivo del diablo es atraer al hombre y alejarlo de Dios para su ruina.